De modo simultaneo mi mente me ha reformulado preguntas:¿Por qué no puedo dejarte ir? ¿Por qué al verte se sigue acelerando mi corazón?¿Sera que tu eres mi primer amor verdadero? ¿Sera que el alma sabe lo que quiere, por eso no puedo dejarte ir?
Un amigo psicólogo me dijo:
la vida nunca nos pone un problema que no podamos resolver. Creemos que la clave pase por dejar de controlar con la mente y centrarnos en ese dolor que sentimos en el corazón. Ayer una amiga ponía en facebook “estoy triste” y recibía un montón de mensajes de ánimo para que no estuviese triste ¿Cómo no iba a estar triste si había perdido a alguien muy querido? La solución pasa por permitirnos esa sensación, por sentirla, por permanecer presentes en esa emoción, por darnos seguridad, por estar ahí en vez de escaparnos rápidamente a través de los pensamientos. Los pensamientos sirven para buscar soluciones cuando estas son posibles y dependen de nosotros, cuando se dedican a lo que ya no es o a lo que depende de los demás lo único que nos hace sentir es más y más impotentes. Y cuanto más impotentes más miedo. Y cuando más miedo más necesidad de control. Y cuanto más intento de control más impotente.
Supongo que las cosas más difíciles son aquellas que exigen lo máximo de nosotros. Hagamos lo difícil y no intentemos solucionarlo a través de atajos, casi nunca funciona y convierte nuestro sano dolor en un largo sufrimiento que se alimenta a sí mismo. Y si queremos ayudar a un amigo o amiga pongámonos con pasión a su lado, permitiéndote sentir, permitiéndote hacer su proceso, estando a su lado con compasión, sin empujar.
Y pues él tiene muchísima razón, he tomado todos osos juegos de palabras y lo he llevado a la práctica por un tiempo, por esos tiempos de pérdidas de seres queridos abuelos, padres, tíos hasta podría decir que cuando no esté mi gata malvada pero adorable lloraré pero lo superaré.
No hay comentarios:
Publicar un comentario